William Gallo Dev

He tardado casi 40 años en entender una cosa que ya sabía a los 17.

Este es Peter Thiel y este soy yo, el de las gafas, William Gallo

Hgo webs, sy Wiliam Gllo

Siempre me ha gustado montar negocios.

He cerrado tres.

He ganado poco dinero y perdido bastante.

Incluso hice un curso de abundancia y, ¡sorpresa!, sigo sin ver mi pickup Mercedes-Benz aparcada en la puerta.

Pero sigo. Sigo porque odio depender de una nómina.

Y sigo creando negocios, mezclando habilidades y experiencia, pero ya no de la misma manera.

Lo curioso es que quizá pude conseguirlo a los 17 años.

Cuando terminé el bachillerato, ya tenía un negocio.

Y funcionaba.

Mi mejor amigo y yo encontramos un zapatero que fabricaba zapatos de cuero para hombre.

Llenábamos las mochilas del colegio y nos plantábamos a la salida de las fábricas.

Vendíamos zapatos a plazos.

Convertí el cuaderno de química en agenda y en el de religión de mi amigo llevábamos las cuentas.

Nos vestíamos de puta madre, estrenábamos cada modelo como demostración y salíamos a vender.

Ganábamos pasta.

Pero mi madre quería que estudiara.

Me dio dos grandes consejos:

—No dejes de aprender y —Usa condón.

El segundo probablemente era mejor.

Le dejé el negocio a mi amigo.

Hoy él es rico y yo sigo montando negocios. Saca tus propias conclusiones.

Le hice caso a mi madre y me fui a estudiar Ingeniería de Sistemas porque pensaba que ahí estaba el futuro.

Duré un año, pero seguía pensando que era el futuro.

Yo quería aprender a programar y descubrí que podía aprender más rápido por mi cuenta. Dejé la uni.

Así que aprendí a programar con revistas y libros.

Una vez incluso robé uno porque no tenía dinero y me pillaron.

Tuve que llamar a mi padre, al que prácticamente acababa de conocer, para que lo pagara.

Yo quería el puto libro.

Después empecé a desarrollar software con un amigo.

Éramos buenos y nadie nos pidió jamás un título.

Nos pedían solucionar problemas y nosotros se los solucionábamos.

Pero cometíamos un error mucho más caro: No sabíamos cobrar.

Calculábamos el precio de nuestro trabajo mirando nuestro propio bolsillo.

Mentalidad de pobre. No sé qué cantidad de dinero perdimos.

Cómo una bicicleta me hizo ganar dinero sin ser un repartidor.

Mi madre nunca me compró una bicicleta, así que mi primera bici la compré con 25 años.

Empecé a salir con un grupo de ciclistas. Oye, muy majos todos.

En aquel grupo conocí al gerente de una empresa de salud que estaba creciendo.

Necesitaban software. Mucho.

Terminé desarrollando todas sus aplicaciones. Eran feas, pero funcionaron muy bien durante años.

Todavía estoy orgulloso de aquellos mamarrachos. Pero se me da bien hacer que los programas funcionen fenomenal.

Quemé mis barcos al llegar a Madrid

Si hace 25 años me dicen: “Oye, vas a vivir en Cartagena... pero de España…” Yo te habría dicho: “Ni loco, no quiero empezar de cero”.

Pero a mis 33 años conocí a mi esposa en Medellín. Ella es madrileña y terminé viniéndome a España.

A los diez días ya estaba trabajando como programador web.

Empezando de cero, sin papeles y cobrando 100 cochinos euros a la semana. ¡Meh!

Aprendí acupuntura.

Aprendí a elaborar cerveza.

Y entonces escuché esa maravillosa gilipollez: “Si trabajas en tu pasión, nunca volverás a trabajar”.

Monté una fábrica de cerveza artesanal donde elaboraba 7 mil litros de birra al mes.

Y terminé amargado: “¿Quién coño me mandó a montar esta mierda?”

Boris de Mesones me lo había advertido: —William, con ese dinero pégate un buen viaje.

Menos mal que no le hice caso.

El viaje habría durado 10-12 días. La hostia empresarial me dio un MBA.

Lo que tardé décadas en entender

Cuando reviso mis fracasos, encuentro dos errores que se repiten una y otra vez:

1. No haber escogido el modelo de negocio adecuado.

2. Tener socios. No hacen falta.

He creado software para bancos y para empresas privadas de salud, para ayuntamientos y hasta para una emisora de radio. Sé elaborar cervezas negras e IPAs cojonudas, he estudiado y practicado acupuntura, he aprendido marketing, he aprendido copywriting y de ventas.

Y no te cuento esto para fardar, es más, es para que veas lo tonto que he sido.

Porque después de todo esto, mi yo de 17 años ya lo sabía:

Primero, encuentra algo que la gente quiera. Después ponte a trabajar como un hijoputa.

Para emprender vas a tener que trabajar mucho. Probablemente más de lo que imaginas.

Pero trabajar como un cabrón no convierte un mal negocio en uno bueno. Eso lo aprendí con la microcervecería.

Ese es el juego.

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